Un gesto

Metro de Madrid - Octubre de 2026

Metro madrileño, hora punta, camino al trabajo. Los viajeros que esperaban en ese andén ya han subido. Con paso rápido pero sin correr a pesar de su calzado no adecuado para la carrera, viene directo hacia la puerta abierta de mi vagón, un hombre de mediana edad, con barba cuidada y un cuaderno en la mano. Le miro y apostaría algo a que no le va a dar tiempo a entrar porque el silbato que avisa de que se van a cerrar las puertas ya ha sonado un par de veces.

Pierdo mi apuesta ya que las puertas siguen inmóviles y no se cierran, por lo que el hombre consigue llegar hasta el mismo umbral del vagón que yo ocupo junto con otros viajeros. Sigo observándole con curiosidad cuando veo que levanta su mano y hace un gesto hacia lo lejos. Enseguida me doy cuenta de que es un gesto de agradecimiento al conductor del tren que ha esperado unos segundos para que le diera tiempo a llegar. Luego da un paso corto y entra en el vagón. Ha sido casi imperceptible ese gesto que ha hecho y que, seguramente, el lejano conductor, muchos vagones nos separan de la cabecera del tren, ni siquiera habrá percibido.

El metro ya recorre el túnel por debajo de la ciudad. Todo el mundo sigue a la suya y el nuevo viajero recién incorporado a nosotros, se apoya en la puerta cerrada, abre una revista y se pone a hacer un sudoku. En cambio, yo sigo mirándole sin poder olvidar el detalle de su gesto. Antes de apartar mi mirada de él, me prometo recordar este instante y también me prometo no escatimar ni gestos, ni sonrisas, ni miradas agradecidas, aunque casi nadie se percate de ello. Su valor sigue siendo importante.

Alonso Expósito

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