Estoy cenando con el Perro Paco. Un bocata de calamares y un doble de cerveza en La Montaña. Glorieta de Marqués de Vadillo. Es una de esas noches de calor pegajoso de un de por sí largo y muy cálido verano, de esas noches en las que pasan cosas, en las que suceden trágicos sucesos. El aire está cargado, el calor nubla la razón. De pronto, el ruido contenido de las conversaciones de la terraza es rasgado por un insistente y disruptivo «Why?. Porque no parece decir «Guay». Es la forma que un hombre elige para hacer ver al mundo que continúa estando ahí, que continúa vivo, aunque esté hecho una ruina, en un escalón de la calle, mimetizado con ella. Cada cierto tiempo, un nuevo «Why?» será espetado al aire, aguardando respuesta. Pero no llega. Una señora del barrio, una vieja conocida, pasa por las mesas pidiendo ayuda. No es la primera persona que lo hace en este breve rato de apenas una cerveza. El señor calvo que está sentado delante le dice aquello de que le dará las monedas cuando haya una tienda abierta para comprar comida. La señora se irá, pero volverá después y le tomará la palabra, le dirá que allí enfrente hay un sitio de pollos, que le compre uno, que lo espera sentada delante del asador. Ya puede esperar sentada, porque al rato el señor calvo se levanta y sale caminando en dirección contraria, después de decirle algo al hombre de los ‘Why?’ que rasgan el calor de la noche. Me imagino que le ha dado un cigarro, porque después, a continuación, lo veo fumando. Un poco más allá dos tipos de una mesa se levantan. Se respira algo de tensión aunque mi atención llega hasta allí con la escena iniciada. Se miden, se huelen y uno de los dos se aleja después de unos instantes dando gritos no demasiado altos y haciendo cortes de manga. Mucho más estridentes son los gritos que sólo unos minutos después llegarán desde la calzada, al otro extremo de la glorieta. Los ruidos son ininteligibles, pero son bastante furibundos. Creo identificar su origen en los ocupantes de una motocicleta. Supongo que es una de esas disputas de tráfico, tan edificantes. Está caliente la noche, pienso. Pero digo en voz alta: ¡Cómo está la noche! Me responden desde la mesa contigua y me dan la razón. Si pasa algo, tú di que estás con nosotros, que cuando alguien está solo atrae estas cosas, me dicen. Se ve que no han visto al Perro Paco, sudando la gota gorda frente a mí.
Santiago G-Zorrilla