El Sagrado Corazón de Elvis Presley

El Sagrado Corazón de Elvis Presley

Sincretismo antropológico en los contenedores de la basura. En un rincón cualquiera de la ciudad. Pero que fue en Carabanchel. Junto a tablones y colchones. El desmontaje de una casa, probablemente. Los esclavos negros en Brasil fusionaban sus creencias religiosas, sus dioses de origen africano, con las imágenes propias del catolicismo impuesto por el sistema colonial blanco para poder seguir profesando en secreto su credo, aunque fuera disfrazado con la apariencia del santoral intruso. A esta fusión, mezcla o hibridación entre diferentes elementos culturales, se le ha llamado, en términos religiosos o antropológicos, sincretismo.

Pero mi último gran hallazgo en los cubos de basura, por los que me gusta merodear junto al Perro Paco, me dejó completamente desarmado. El catolicismo y la cultura pop. O sería más justo decir rock como mínima señal de respeto o devoción. El Sagrado Corazón de Jesús y el Rey del Rock en una misma imagen, en un cuadro que hasta hace poco colgaba de las paredes de una casa de la ciudad. Un aniñado Elvis Presley de mirada clara, ojos color zafiro -dicen algunos por ahí- y un quiqui eterno cayendo sobre su frente impoluta. Que guarda en su pecho un corazón en llamas que sangra o chorrea; con la huella de las marcas de la corona de espinas, con una cruz que lo remata mientras, suspendido en el aire, emite rayos de luz celestial. Una túnica blanca, a brochazos. Mangas anchas de color carmesí. Una mano lacerada que nos bendice y nos disculpa y que a la vez reivindica su identidad dual, divina y humana.

El Sagrado Corazón de Jesús, representado miles de veces en el arte sacro, es la imagen de la devoción por la cara más humanizada de Jesucristo, la que se define por el corazón que se encuentra en el centro de su ser, como símbolo de su puro amor. A Elvis le dejó de funcionar el suyo a los 42 años, cuando una arritmia cardiaca se lo llevó el 16 de agosto de 1977. Tenía solamente nueve más que Jesucristo, aunque hubieran pasado casi dos mil años entre ambas muertes. Elvis Presley Corazón de Jesús salió de su casa para ver mundo, y que lo vieran, al menos por unas horas, antes de la llegada del camión de la basura. Nos dejó una bendición y mi maldición por no haber sido todavía capaz de montar un museo de la gente corriente donde llevarme y colgar esta maravilla de cuadro.

Santiago G-Zorrilla

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