Por la calle de Lola Membrives en Carabanchel

Calle de Lola Membrives. Cruce con General Ricardos

Geografía básica

Estamos en Carabanchel Bajo, muy cerca de la glorieta de Marqués de Vadillo y el Puente de Toledo. El Perro Paco y yo hemos iniciado la infinita cuesta arriba de General Ricardos, la gran arteria de comunicación para vehículos de motor en esta parte de la ciudad de Madrid. Desistimos pronto, muy pronto. Tomamos la primera calle a la izquierda. Y ahí arriba nos recibe un estético azulejo, que nos presenta el nombre de esta calle. En la parte inferior de la composición, se puede leer una inscripción definitoria en una cinta enredada en la rama de una corona de laurel, bajo tres máscaras propias de las artes escénicas: Actriz. Estamos en la calle de Lola Membrives.

El actual topónimo de esta calle apareció por vez primera en el año 1970, siendo Carlos Arias Navarro el alcalde de Madrid, cargo que ostentó entre 1965 y 1973. Para quien ande muy perdido, aclararé que su mandato se produjo durante la larga noche de la dictadura franquista y tuvo, por tanto, nada de democrático. Pero topónimo aparte, la calle no apareció en ese momento, sino que simplemente fue rebautizada a la muerte del personaje que le da nombre. La primera referencia que aporta el servicio de cartografía del Ayuntamiento de Madrid en relación a la existencia de esta pequeña rúa data de 1958. Entonces era nombrada, simplemente, como Calle Particular del General Ricardos.

Azulejo de la calle Lola Membrives
Azulejo con el nombre de la calle – Pedro Reina

El personaje

Lola Membrives, que da nombre a esta calle, fue una tonadillera y actriz de éxito de origen argentino. Nació en Buenos Aires en el año 1888, hija de emigrantes españoles. Debutó en España en el Teatro Apolo de Madrid en 1904. Interpretó, a ambas orillas del Atlántico, obras de los hermanos Machado, Jacinto Benavente o Federico García Lorca. Creó y dirigió desde 1920 su propia compañía teatral. De manera particular, se la considera su importante papel para introducir la obra de Lorca en Argentina. El estreno en 1933 de «Bodas de sangre» en el Teatro Maipo de la ciudad bonaerense cosechó un gran éxito, que abrió la puerta a la representación de nuevas obras del granadino. Tras toda una vida de carrera artística, Lola Membrives, que fue un puente cultural entre Argentina y España, murió en Buenos Aires en el año 1969.

El paseo

Me animo a combatir mi timidez espoleado por el Perro Paco y atino a preguntarle a una señora mayor de arrugas afables, acompañada por un andador y un nieto, por el no portal que aparece a pocos metros del azulejo, en la misma fachada amarillenta y por el que obviamente no se puede entrar a ningún sitio, porque en algún momento fue sellado. Ella me confirma que allí hubo una vez un portal abierto, una verja que daba a un patio interior y que un día se decidió tapiar. Comento con Paco que probablemente se debió a la paranoia seguritaria propia de nuestra época, que en algún momento evaluaría esta entrada como un punto ciego en la defensa de la finca. El Perro Paco me dice que me peine y mira para otro lado. La puerta ya no está, pero sí su silueta. Sin ella la fachada se hace demasiado extensa.

La calle Lola Membrives desde su comienzo en el cruce con General Ricardos
La calle de Lola Membrives es infinita

Nos cruzamos de acera para contemplar más de cerca la marquesina del portal número 2 de la calle, que nos tiene asombrados. Parecería casi un arcón de madera. E incluye, también de forma estética, de nuevo el nombre de la calle. No es común a nuestros ojos encontrarnos por estos pagos con este tipo de estructura en un simple portal. La calle Lola Membrives tiene apenas 162 metros, los que separan o unen General Ricardos y Jacinto Verdaguer. Ahora mismo, sin embargo, tengo la impresión de que es sencillamente inabarcable.

Menos mal que, faro en la niebla, en la siguiente esquina se adivina un bar. El bar cafetería Saemi es un bar de hombres solos. Trabajadores que en las primeras horas de la tarde han terminado su jornada laboral y apuran cansancio y soledad en la barra del bar, con un vino, una cerveza y el móvil, o con un cubo de botellines si el momento de descanso es en compañía. Suena música latina romántica y la camarera te llama cariño aunque no te conozca. En la televisión, por debajo de la música, se oye el murmullo de un viejo capítulo de «Aquí no hay quien viva» al que nadie presta atención.

Bar cafetería Saemi. Calle Lola Membrives. Carabanchel
Bar cafetería Saemi

Un señor que ha entrado al bar con un maletín ha pedido una cerveza muy fría, ha saludado cariñosamente al parroquiano de la copa de vino, un tanto nublado ya, y ha entregado un papel impreso a la camarera, antes de sentarse a la mesa con su cerveza y su móvil y sorprender mi curiosidad con el vídeo de una entrevista del «Loco de la Colina» Jesús Quintero a Antonio Gala. Otro hombre entra un poco después y pasa por las mesas ofreciendo calcetines a buen precio.

Salimos al fin y recorremos la calle varias veces, las suficientes para resultar sospechosos. Porque sí, el que pasea es eternamente un sospechoso, especialmente cuando parece caminar sin rumbo ni propósito.

Gimnasio Kime. Calle Lola Membrives. Carabanchel
Antiguo luminoso del Gimnasio Kime

Quiero hacerles apuntar tres lugares sobre los que merece la pena investigar más: visitar, definitivamente. Dos de ellos son establecimientos con solera, el tercero un recién llegado. El primero es la Ferretería Membrives, con sus carros de la compra colgados por fuera como osos de tómbola. En sus abigarrados escaparates, localizo dos tesoros impagables: una foto de Perico Delgado y otra del Dúo Dinámico, ambas dedicadas. El segundo es un gimnasio, pero no uno cualquiera, un gimnasio vieja escuela, un gimnasio de artes marciales donde la referencia es el kung fu. Gimnasio Kime, 1979, y unos luminosos de ensueño que, lamentablemente en términos nostálgicos, acaban de ser sustituidos. El tercero, que ha heredado el local del bar El Barril, cerrado hace tiempo, es Montreal, un espacio híbrido entre lo que viene siendo un bar con comida, un local donde se hacen actividades culturales y clases de yoga. «Hacen lo que les sale del coño», me dice un vecino, no excesivamente entusiasmado. No sabe que les ha regalado el mejor lema publicitario. O al menos una magnífica bio.

Foto dedicada del Dúo Dinámico. Ferretería Membrives. Carabanchel
Recuerdo del Dúo Dinámico – Ferretería Membrives

Nuestro paseo por la calle de Lola Membrives continúa entre valladas comunidades de vecinos y algún local comercial más que, por lo que sea, no atrapan mi atención. A todo esto, nos cruzamos con una conocida concejal madrileña de un partido de la izquierda de la que, a decir verdad, tengo bastante buena opinión, porque defiende el barrio y a la clase trabajadora. Viene de hacer deporte. Le comento al Perro Paco que lo grave es que la normalidad nos resulte llamativa. El Perro Paco me ignora como el mejor.

Llegamos ya a la calle de Jacinto Verdaguer y haciendo esquina está la tienda de alimentación Sofía, que nos recuerda silenciosamente, por el sencillo y contundente argumento de que tiene un nombre, que ya es hora de comenzar a dejar de nombrarla por el gentilicio supuesto de sus regentes. Así se lo dijo una niña de un colegio del barrio a su profesora, indicándole que no era correcto referirse a una tienda similar como «los chinos» o «el chino». Por supuesto la profesora desautorizó de inmediato a la niña, y explicó a los demás que no pasaba nada por hacerlo, no fuera ella a quedar en evidencia.

Hemos llegado al final. Espero que hayan disfrutado del paseo. Como les decía, la calle de Lola Membrives es, o puede ser, infinita. Hasta la próxima.

Santiago G-Zorrilla

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