La ineludible llamada de los caminos del deseo

Los caminos del deseo. Carabanchel 2025 (II)

Los caminos del deseo. No había escuchado esta expresión antes de que, en los primeros meses del pasado año, tuve la oportunidad de disfrutar con pasión del curso “La ciudad secreta. Psicogeografía, mapas deseantes e imaginación radical”, impartido por Servando Rocha en La Central del Museo Reina Sofía de Madrid. Desde entonces, no paro de buscarlos, no paro de encontrarlos en esta mi ciudad: Madrid.

Los caminos del deseo (desire paths o desire lines en inglés) son aquellos que surgen por la obra común de un número indefinido de personas, lo suficientemente amplio como para conseguir marcarlos sobre la tierra de manera más o menos permanente. Surgen como una alternativa trazada al camino establecido, diseñado por los arquitectos oficiales de la ciudad. Nacen de un impulso individual, espontáneo, pero necesariamente compartido en su sentido, utilidad e insistencia.

El camino del deseo es la senda que acorta, que traza una diagonal previsible que rompe la hierba, que la convierte en tierra pisada primero y que, poco a poco, por la acción de muchos pies, se transforma en ruta, en cuestionamiento del orden.

Pese a la capacidad de seducción de la expresión, como todo lo que implica al deseo, los caminos del deseo no serían en la práctica sino sencillos atajos que el personal ha abierto con la finalidad de acortar distancias y, en consecuencia, tiempos.

Aliados de la prisa, sería la economía, bajo esta hipótesis, la que se encontraría detrás de los caminos del deseo. Un sentido económico innato, animal, que nos impulsa a ahorrar energía, a ahorrar esfuerzo, a ahorrar tiempo. A ahorrar algunos pasos, algunos segundos. Pero estaremos de acuerdo en que los caminos del ahorro no resuenan igual.

Tampoco podemos ignorar la pulsión egoísta, la que nos reclama seguir el interés propio y desentendernos del común, el impulso individualista de anteponer nuestra urgencia sobre la armonía de los jardines, sobre la salvaguarda de la flaca presencia de lo natural en la ciudad. La que nos lleva, en definitiva, a no ruborizarnos por pisotear las escasas praderas de un universo de cemento.

Los caminos del deseo - Carabanchel 2025 (I)
Y ahora vivo obsesionado con los caminos del deseo

La expresión ‘los caminos del deseo’ se atribuye habitualmente al filósofo francés Gastón Bachelard, quien la habría acuñado en su obra “The poetics of space” (La poética del espacio, 1957), si bien no existe un completo consenso al respecto. En los Países Bajos, estas sendas se nombran como ‘caminos de elefantes’. La expresión exacta en neerlandés sería olifantenpaadjes, según extraemos de la web de la mexicana Liga Peatonal. Con ella aludirían al comportamiento ancestral de los paquidermos de utilizar una y otra vez los mismos caminos, transmitiendo sus rutas incluso de generación en generación.

El paisajista y naturalista británico Robert Macfarlane parece ser que también los ha nombrado como ‘caminos del libre albedrío’. una expresión que pierde romanticismo pero gana precisión al definir el espíritu de estos caminos de una forma tal vez más certera.

Pero algo más debe haber, algo más debe latir en ellos, que hace mutar a estas trochas urbanas en los caminos del deseo. Quizás es una sutil llamada de lo salvaje, que pide dejar la acera pavimentada y buscar la tierra. Quizás es una tímida llamada a la exploración, a la búsqueda de rutas menos transitadas en un mundo en el que todo parece que fue ya recorrido. Quizás es una tenue llamada a la desobediencia, a trazar el camino propio y no seguir la ruta marcada, a dejarse llevar por la guía de tus pasos. Quizás en estas llamadas es donde reside el irresistible atractivo de los caminos del deseo.    

Santiago G-Zorrilla

Los caminos del deseo. Usera 2025 (I)
La diagonal: geometría esencial de los caminos del deseo

Recibe nuestro boletín

¡No hacemos spam! Lee nuestra política de privacidad para obtener más información.