La acacia de tres espinas, de agujas afiladas y frutos que saben a miel

Acacia de tres espinas. Parque de la Emperatriz I

Apuntes naturalistas del Perro Paco: presentamos a la Gleditsia triacanthos L. o acacia de tres espinas.

Este es un arbolario urbano. El arbolario de los paseos por Madrid del Perro Paco. Nuestra invitada en este artículo es la conocida como acacia de tres espinas, aunque en realidad no se trate de una acacia. Nos topamos con ella en el primer día de este 2026, durante un paseo por la Casa de Campo. Un día gris plomizo y frío. Sus retorcidos frutos, su desnuda figura y sus afiladas espinas le conferían un cierto aire siniestro. Volvimos a verla semanas después, recorriendo esta vez el Parque de la Emperatriz, en los límites de Carabanchel.

La acacia de tres espinas también es llamada acacia negra, pero, insistimos, en realidad no lo es, no pertenece a este género de la botánica. Es una de las consideradas como falsas acacias, lo cual significa empezar mal, empezar ofendiendo, acusando a nuestra amiga de impostora. Es un árbol que recuerda también al algarrobo, por sus alargados y dulces frutos cuyo sabor, dicen, se parece a la miel, yo admito no haberlos probado, no ha llegado a tanto esta inmersión.

Vayamos pues a su nombre científico, que no lleva a engaño: la acacia de tres espinas es conocida científicamente como Gleditsia triacanthos. El género Gleditsia hace honor al botánico alemán Johann Gottlieb Gledistisch, a quien encontramos en el siglo XVIII como director del Jardín Botánico de Berlín. Triacanthos (del griego akantha) alude a sus espinas tan características, que con frecuencia aparecen de tres en tres (tria-).

Parece ser que la Gleditsia triacanthos o acacia de tres espinas llegó a España entre el siglo XVIII y el XIX. Procedía del centro y el este de Norteamérica y, específicamente, de la cuenca del río Mississippi. Se ha empleado mucho en la producción de madera, por su dureza y por su capacidad para no pudrirse al contacto con el agua. Estas virtudes le valieron para ser utilizada, por ejemplo, en la fabricación de ruedas de carro, de postes, de aperos de labranza y de traviesas de ferrocarril, así como también en la ebanistería. En parques y jardines, se ha elegido mucho por su capacidad para dar buena sombra y su crecimiento rápido.

La Gleditsia triacanthos es un árbol caducifolio -de hoja caduca- de la familia de las fabáceas (Fabaceae) o leguminosas. Puede llegar a alcanzar un gran porte, de alrededor de 25 metros de altura. Sus hojas, verdes, pueden recordar a los helechos y están compuestas por hojuelas ovaladas dispuestas en número par y que en otoño toman un color amarillo. Su tronco es recto, robusto, con la corteza pardo-grisácea, lisa al principio, que poco a poco se va agrietando. Suele vivir entre los 60 y los 100 años. Su facilidad para la germinación y para rebrotar a partir de las raíces, unida a su resistencia a condiciones adversas, le dan un fuerte potencial colonizador, que hace que sea considerada en algunas latitudes como especie invasora en el medio natural. Está incluida, de hecho, en el Atlas de las plantas alóctonas invasoras de España.

Acacia de tres espinas. Casa de Campo (I)

Dos características que la hacen inconfundible

La acacia de tres espinas tiene dos características que la hacen muy fácilmente identificable:

– En primer lugar sus espinas, de color rojizo, afiladas como flechas, dispuestas de forma simple o ramificada, a menudo de tres en tres (de ahí toma su nombre). Son una imponente defensa frente a los herbívoros. Se dice que eran utilizadas por los nativos americanos para fabricar herramientas y agujas. Los riesgos derivados de estas espinas, especialmente en parques y jardines, llevan en ocasiones a optar por una variedad de la especie que carece de ellas (inermis).

– La segunda característica son sus frutos, legumbres alargadas y que se retuercen, que adoptan en otoño tonos de color chocolate, a medida que se van secando, que al ritmo del viento permiten a nuestra amiga entonar su propia música, cuando quedan colgando esperando su caída de las ramas desnudas del invierno. La pulpa de sus frutos, que rodea sus semillas, es dulce y dicen que sabe a miel. Por su riqueza en carbohidratos y proteínas y por su disponibilidad durante los meses más fríos, sus legumbres han sido utilizadas para alimentar al ganado en tiempos de escasez. Sus vainas recuerdan a la del algarrobo, motivo por el que también se la ha conocido a la Gleditsia triacanthos como algarrobo loco o algarroba de burros.

Más de 15.000 ejemplares en Madrid

En el año 2021, el Ayuntamiento de Madrid publicó un estudio que tituló “Valor del bosque urbano de Madrid. Efectos en la calidad del aire, reducción de la contaminación y salud ciudadana” (ver aquí). Se trata de un estudio exhaustivo que analiza los centenares de especies de árboles y arbustos que componen el bosque urbano madrileño. Este trabajo de investigación cifró en alrededor de 5.700.000 los árboles que había en Madrid en ese momento. De ellos, 1.740.000 árboles de 506 especies diferentes se encontraban bajo el mantenimiento municipal. Esta aclaración es importante porque es sobre estos últimos en los que se centra el estudio. En el caso de las tres variedades que aparecen de la Gleditsia triacanthos, se contabilizaron entonces un total de 15.410 ejemplares en la ciudad, de los cuales el 89% correspondía a su variedad común.

La Gleditsia triacanthos se caracteriza por su capacidad de resistir. De resistir el frío invernal y las heladas, el calor y la sequía, la contaminación y la pobreza del suelo sobre el que se asienta. También resiste con dignidad las podas a las que a menudo se la somete. Probablemente es por esa fuerza que le da la resistencia y la capacidad de adaptación por lo que parece encontrarse a gusto en una ciudad como Madrid.

Acacia de tres espinas. Casa de Campo (II)
Los frutos leguminosos de la Gleditsia triacanthos

Leyendas de origen cristiano sobre la acacia de tres espinas

El Perro Paco, junto a su interés por la botánica, tiene además un no disimulado gusto por el salseo, es decir, por las historias que nos rodean y que también se pueden hallar alrededor de la acacia de tres espinas. En este caso son leyendas muy ligadas a la tradición cristiana.

A la acacia de tres espinas o acacia negra se la ha conocido también como “Espina de Cristo” por la disposición de sus tres espinas. Su forma puede recordar ciertamente a la cruz en la que murió Jesús de Nazaret.

Desde México, se cuenta que a finales del siglo XVII llega al monasterio de Querétaro el misionero franciscano valenciano fray Antonio Margil de Jesús. La leyenda dice que clavó el fraile su báculo en el patio del convento y allí mismo, con el tiempo, retoñó convertido en árbol y sacando unas místicas espinas con la misma forma que la Cruz de Cristo. Era la Gleditsia triacanthos.

La más llamativa leyenda, por los enredos históricos, lingüísticos y botánicos que contiene, es la que relaciona a la acacia negra con Juan el Bautista, predicador fundamental del primer cristianismo en el desierto de Judea y responsable de bautizar a Jesús. Pues bien, en aquel tiempo se dice que Juan dependía para vivir, en aquellos desérticos parajes, de sus muy austeros recursos naturales. Los evangelios concretan que el Bautista se alimentaba de langostas y miel. Existe un debate histórico acerca de si con estas langostas se estaban refiriendo a los proteicos insectos tan parecidos a los saltamontes llamados langostas o a los frutos de un árbol. Se da la circunstancia de que la acacia de tres espinas es conocida en inglés como honey locust, que se podría traducir como langosta de miel, por el sabor de su pulpa. De ahí que se haya especulado con la posibilidad de que la dieta del después conocido como San Juan Bautista se basara en los frutos de la acacia de tres espinas.

En realidad, existe una explicación lingüística para el extraño nombre que para un árbol sería ‘langosta de miel’. Y es que en la lengua de Shakespeare las vainas que contienen en su interior las semillas y su pulpa se denominan precisamente locust beans. Todo parece cerrarse cuando introducimos en la ecuación el elemento geográfico. Si nos vamos al mapa, observamos que la Gleditsia triacanthos es originaria de Norteamérica y tardaría unos cuantos siglos en salir de allí, que se conozca. Por tanto, es improbable que hace 2.000 años hubiera llegado a Palestina, donde se desenvolvía el Bautista. En todo caso, las vainas (locust beans, recordemos) de las que pudo alimentarse el predicador no serían las de la falsa acacia, a estas alturas ya un poquito mentirosa, sino las de otra especie mucho más probable en esa zona del mundo, el algarrobo (Cerratonia siliqua), árbol originario del Mediterráneo oriental y también conocido por la dulzura de sus frutos, que recuerdan a la miel y a las legumbres de la acacia de tres espinas. Hay que decir, después de toda esta charla, que el debate histórico parece inclinarse en cualquier caso por los saltamontes.

¿Cómo te quedas con todo esto? Me espetó el Perro Paco al terminar su exposición. Se está volviendo bastante sabidillo este chucho.

Acacia de tres espinas. Casa de Campo (III)
Espinas simples de un ejemplar de Gleditsia triacanthos

Santiago G-Zorrilla

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