Por la calle de Jacinto Verdaguer

Mural de coyote en cierre de calle Jacinto Verdaguer

Calle de Jacinto Verdaguer, capítulo 1

Es una noche temprana de agosto, calurosa, muy calurosa. Madrid está cerrado por vacaciones y tomo desde Antonio de Leyva la calle de Jacinto Verdaguer. Me sitúo en la acera de los pares. La calle está tranquila, a pesar de sus cuatro carriles para el tráfico rodado y los dos adicionales de aparcamiento. La calle está apagada, pese a la luz tenue y amarilla de las farolas. Son más de las nueve de la noche y casi todo el comercio que no se ha ido de vacaciones ha echado ya el cierre del día. Normal. Paso frente a escaparates de oficinas inmobiliarias, peluquerías, clínicas dentales, charcuterías. Hasta hay un par de bares que están cerrados, ya sea porque son de día o porque están descansando. Sólo un par de establecimientos permanecen abiertos, son dos tiendas de alimentación. Una de ellas se llama Sofía y hace esquina con Lola Membrives. También hay un bar, que a primera vista no tiene ni nombre, sólo pone restaurante fuera, creo que en azulejo, en un vestigio de una vida anterior. Al otro lado de la calle hay edificios de ladrillo visto de color marrón, con alturas de entre seis y ocho pisos, toldos verdes y ventanas con marcos blancos. Queda lejos la otra acera con tanto carril para el tráfico.

Encuentro un grafiti bastante guapo en un cierre metálico, está firmado por Donus y Ale, o eso me parece, si bien remiten al colectivo de arte urbano From Kolors. En el mural, aparece lo que a mí se me asemeja a un coyote con un tercer ojo de la sabiduría y un buen abrigo con solapas de ladrillo azules y moradas. De fondo hay un paisaje montañoso y un lobo negro y peludo que levanta una pata cerrada en puño. Lo dejo atrás tras tomar la fotografía. Más adelante hay otro rincón que llama mi atención. Es lo que parece la entrada a un local, en un metido en la calle, con aviso de alarma activada y un oso y un madroño pintados en la pared ocupando la puerta metálica y la pared adyacente. Sigo caminando y cuando llego al cruce con la calle de la Iglesia dejo Jacinto Verdaguer. Volveré.

Nota: este artículo está en construcción, como la película de Guerín. Si te ha gustado, vuelve de vez en cuando, aquí no acaba la cosa.

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